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5 venenos blancos

Es muy posible que hayas oído hablar de que hay algo llamado venenos blancos. Se trata de un tema controversial que involucra medias verdades debido a la confusión al respecto de los posibles aspectos negativos de algunos alimentos que se caracterizan por su color blanco. A continuación, analizamos qué ocurre con estos llamados cinco venenos blancos de la alimentación tratando de aclarar las distintas dudas que puedan provocar.

Qué son los venenos blancos de la alimentación

Existen muchas verdades a medias en el mundo de la alimentación que afectan a nuestras decisiones a la hora de elegir uno u otro producto. Las dudas y la objetividad dan lugar a una confusión en la ciudadanía en multitud de temas relacionados con la salud.

Normalmente, son los mitos y los bulos los que provocan esta desinformación. Con el volumen de información que recibimos, muchas veces nos quedamos con conceptos o ideas que pueden ser equivocadas como que el proceso de refinado de la harina de trigo introduce sustancias químicas nocivas. Es un ejemplo del caso de los venenos blancos. El mito vendría a decir que hay unos alimentos perjudiciales para la salud y que esto va en relación con su color blanco. En este grupo se incluirían alimentos como el azúcar, la sal, las harinas refinadas, el arroz y la leche. Sin embargo, el color blanco no las une en un aspecto común más allá del color, sino que se trata de alimentos con beneficios y desventajas diferentes, cada uno con sus propias peculiaridades.

Para empezar, son mal llamados venenos blancos. No resultan tóxicos ni suponen riesgos inminentes como lo hacen los venenos, y es importante decir que el color de los alimentos no confiere necesariamente ninguna propiedad especial a los alimentos. En el otro extremo, tampoco es cierto que estos alimentos sean todos igual de sanos. Por ejemplo, el consumo excesivo de azúcar y sal tienen efectos nocivos demostrados en la salud. También se suelen aconsejar las versiones integrales del arroz y de la harina de trigo frente a las refinadas. Por ello, las dietas basadas en colores no tienen por qué suponer una fuente veraz dado que como decimos, el color no une a los alimentos en grupos según sus propiedades.

Los beneficios de los productos vegetales son numerosos y son esenciales en la dieta humana, debido, entre otras cosas, a su aporte de agua, fibra, vitaminas, minerales y otros compuestos como esteroles, ácidos grasos poliinsaturados y fitoquímicos. Sin embargo, el color de estos alimentos se debe a unos compuestos químicos conocidos como pigmentos. Algunos tienen propiedades saludables como el betacaroteno, responsable del color naranja de vegetales diferentes como la zanahoria y la calabaza. Sin embargo, este caso no es una norma, y los beneficios o elementos negativos atribuidos a otros pigmentos no están basados realmente en evidencias científicas sólidas.

¿Cuáles son los 5 venenos blancos para la salud?

Azúcar

El azúcar es uno de los principales alimentos en cuanto a polémica y dudas. Y es que hay informaciones que por un lado indican que este componente es esencial para el buen funcionamiento del cerebro, mientras que por otra parte se dice que al consumirlo nos envenenamos. La glucosa que necesitan nuestras células para funcionar se puede obtener de cualquier alimento, de forma saludable, como por ejemplo de la fruta, siendo el azúcar añadido innecesario para esta función. Así que si alguna vez pensamos “es que necesito azúcar” debemos saber que no es así. A su vez, tampoco es cierto que por consumir azúcar ocasionalmente vayamos a envenenarnos. Es cierto, no obstante, que el abuso del azúcar, hábito asentado en muchos hogares en las últimas décadas, supone problemas como la obesidad, la diabetes y otros problemas como enfermedades cardiovasculares e hígado graso. Otro bulo relacionado con el azúcar es que el azúcar moreno sería más sano. Si bien es cierto que tiene más minerales, esta cantidad es mínima y no contiene otras diferencias, no siendo más sano que la variante blanca, en definitiva.

En el caso del azúcar, el proceso de refinado no es el causante de los problemas que puede ocasionar. Este elemento no adquiere elementos perniciosos para la salud mediante el proceso, ya que las sustancias utilizadas para aislar la sacarosa no permanecen en el azúcar. La alarma se enciende únicamente por el abuso de este endulzante y por su presencia en los productos ultra procesados.

Sal

De nuevo, se trata de otro alimento alrededor del cual se ha hablado mucho. Un elemento que con asiduidad está demasiado presente en nuestros platos. En España se consumen aproximadamente 10 gramos diarios, pero la recomendación es no pasar de los 5 gramos al día. Por el contrario, tampoco significa que debamos eliminar la sal por completo de la dieta, dado que aporta sodio y yodo (en el caso de la sal yodada, que es la recomendada). Es interesante añadir al respecto que la mayor cantidad de sal consumida nos llega a través de otros alimentos como los quesos, los embutidos, el pan y sobre todo en muchas de las comidas preparadas. Realmente, con reducir el consumo de estos productos y no tener la sal a mano en nuestras comidas basta para consumir un nivel adecuado de sal.  Además, si nos moderamos en su consumo se nos abrirá la experiencia de ir acostumbrándonos más a los sabores naturales de los alimentos, cuestión que si abusamos de la sal sucede a la contra: cada vez nos parece que necesitamos más sal porque acostumbramos el paladar a las cantidades que usamos día a día.

Harinas refinadas

En el caso de la harina sí es cierto que cambia la situación entre las opciones refinadas y otras como las integrales. Conviene anteponer las harinas integrales, no porque la harina refinada sea venenosa sino porque puede aumentar el riesgo de diabetes tipo 2. Esto se debe a que son almidones que se metabolizan rápido, provocando el ascenso de la glucemia en la sangre, sobrecargando el trabajo del páncreas.

El error, no obstante, no sólo se asocia con llamar venenosa a la harina refinada, sino que también es equivocado señalar al proceso del refinado. Este proceso supone simplemente triturar el grano, extrayendo así la harina del interior. En este caso sí se añaden en ocasiones elementos externos como los antioxidantes, para proteger la harina, pero de nuevo, esto no supone un problema para la salud. El almidón sería el problema de la harina, que también está presente en la harina integral, pero esta contiene el cereal completo, por lo que reúne más elementos nutritivos. Conservar el germen, el salvado y el endospermo contribuyen a que nuestra dieta contenga vitaminas, fibra, minerales y ácidos grasos. Los nutricionistas tienen aquí una de las más habituales disputas, por lo que se hace hincapié en que simplemente se controle su consumo y que, en caso de elegir, es más completa la opción integral.

Arroz blanco

Para obtener este cereal, se pasa por unos rodillos que retiran la cáscara. Posteriormente, con el grano integral que queda, se somete a otro proceso, aplicando calor para retirar el salvado y el germen, lo que convierte el arroz en un caso similar al que explicamos antes en el caso de la harina. Con este proceso el arroz pierde muchos minerales y la mayor parte de las vitaminas del grupo B. Por ello, de nuevo es aconsejable recurrir a la opción integral del arroz y no consumir sólo el endospermo, que contiene principalmente almidón.

El almidón se forma por glucosa, y este elemento es el que aumenta los niveles de azúcar en sangre. Por tanto, en caso de preferir igualmente el arroz blanco frente al integral, se aconseja comerlo en menor cantidad y acompañarlo de muchas verduras. La universidad de Harvard ha relacionado el arroz blanco, en un estudio concluyente, con la diabetes. El estudio se llevó a cabo en 40.000 hombres y 157.000 mujeres, concluyendo que quienes consumían cinco o más porciones a la semana tenían un riesgo aumentado del 17% de padecer diabetes. Además, el déficit de vitamina B1 común en la población ha provocado que en Estados Unidos sea obligatorio enriquecer el arroz blanco con vitamina B1, B3 y hierro.

Leche

La leche resulta un problema en muchos consumidores debido a que resulta de difícil digestión.  La intolerancia es común y esto hace que la leche quizá no sea una de las mejores opciones para añadir a tu dieta. Sin embargo, de nuevo, no podemos concluir que se trate de un veneno. Tampoco es necesaria: el calcio que aporta puede ser obtenido por medio de los frutos secos y de algunas verduras.

Otro mito es el asociado a la leche pasteurizada, por el que se recomendaría, en teoría, la leche no tratada. Este problema no sólo no existe, sino que consumir leche no tratada sí que supone un problema (o puede suponerlo) para la salud debido a los gérmenes que la acompañan. En realidad, la leche pasteurizada no recibe un tratamiento duro. Se somete a un tratamiento térmico que elimina los microorganismos. Luego se controla la cantidad de grasa, retirando toda la cantidad en el caso de un producto de leche desnatada, o dejando más o añadiendo en el caso de que el producto sea de leche entera. Además, el proceso de pasteurización no acaba con los componentes positivos de la leche, sino que protege al consumidor de listeriosis o salmonelosis.

Más allá de eso, otros estudios han concluido que la leche de vaca aumenta los niveles en sangre de IGF-1, un factor asociado con el crecimiento de células cancerígenas. Además, diversos estudios han indicado que el alto consumo de esta leche está asociado a una mayor tasa de cáncer de mama, de colon y de estómago.