La maicena es un producto que se utiliza para elaborar distintos platos de cocina. Similar a la harina en cuanto a textura, es muy empleado para espesar platos y para mejorar la consistencia de ciertos alimentos.
No obstante, debido a ciertas intolerancias alimenticias o algunas incompatibilidades, en ocasiones nos podemos ver obligados a reducir su cantidad o directamente a buscar un sustituto a la maicena, por lo que lo mejor será que tengamos a mano una lista con los 10 mejores sustitutos de la maicena. ¡No querrás tener que improvisar en una cena con invitados!
¿Qué es la maicena?

La maicena, al igual que la harina de maíz, se obtiene a partir de la trituración de los granos de maíz.
El primer paso para conseguirla es machacar y prensar debidamente los granos de maíz, dando como resultado unos fragmentos diminutos que le dan esa consistencia polvorosa y tan peculiar al tacto.
No obstante, y he aquí la primera y principal diferencia entre la maicena y la harina de trigo, es que en la primera se retira el germen del grano antes de machacarlo, es decir, se elabora con la parte más tierna y alejada del grano de maíz.
En la segunda, se utiliza también el grano al completo para prepararla, lo que puede variar ligeramente en el sabor y la textura cuando se utilice en preparación de distintos platos en la cocina.
Se puede utilizar como espesante, como ingrediente principal de productos como bizcochos, panes o determinados productos horneados, y presenta un sabor y una consistencia únicos.
No obstante, no agrada a todo el mundo y es posible que se prefiera optar por cualquiera de las alternativas que ofrece actualmente el mercado.
10 sustitutos de la maicena

Sabemos que la maicena es uno de los ingredientes básicos de toda cocina que se precie, pero es posible que existan ciertas incompatibilidades por intolerancias alimentarias o algún tipo de perjuicio que impida su consumo o utilización en los platos a preparar.
Si quieres encontrar un buen sustituto de la maicena, echa un vistazo a las siguientes opciones. Pruébalas todas y a ver qué tal resultado te da.
· Harina blanca. Comúnmente conocida como “harina multiuso”, es muy utilizada para cualquier tipo de producto horneado, y hasta para recetas que no necesitan pasar por el horno.
Es uno de los ingredientes básicos de casi cualquier cocina, ya que sirve para espesar, dar consistencia o para complementarse con otras harinas en caso de que estas no hayan sido añadidas en cantidades suficientes.
· Almidón de tapioca. Es un derivado de las raíces de la yuca, lo que le da una cantidad única de hidratos de carbono. A su vez, es una de las formas más puras de almidón y mantiene varios beneficios interesantes, pese a tener un contenido realmente bajo de nutrientes.
Para que te hagas una idea, cuatro cucharaditas de almidón de tapioca equivale a unas dos de almidón de maíz, por lo que tendrás que ajustar la cantidad de almidón para que la receta no se descompense.
· Harina de arroz. Se trata de uno de los tipos de harina más utilizados. Es de textura gruesa, presenta un sabor neutro que no interfiere con ningún otro plato y se utiliza sobre todo para facilitar las labores de amase e hinchado de determinados platos.
Es una extraordinaria fuente de energía, sobre todo teniendo en cuenta la enorme cantidad de carbohidratos que contiene.
· Harina de trigo. Quizá sea el tipo de harina más conocido por ser empleado para la preparación de panes y muchos otros productos.
Su composición hace que presente unos beneficios para la salud que no están presentes en otros tipos de harinas, siendo además un alimento rico en nutrientes gracias a la presencia del salvado de trigo, algunas partes del germen del grano y el endospermo.
· Fécula de patata. Es de los mejores sustitutos de la maicena por ser la que ofrece una textura casi idéntica. Su sabor es muy suave, casi neutro por completo, y está libre de gluten (al contrario que la harina de trigo).
El hecho de que contenga una buena cantidad de hidratos de carbono, sumado a que no tiene casi grasa, lo hace un ingrediente realmente recomendable para sustituir a la maicena.
· Harina de almendra. Se obtiene del aceite extraído de las almendras molidas. Su contenido en carbohidratos es realmente bajo y cuenta con importantes cantidades de magnesio, calcio y zinc, así como de proteínas y de vitamina E.
Es de los tipos de harinas más húmedas, lo que tiene beneficios en cuanto a su uso al ser un tipo de harina mucho más manejable y amoldable, al contrario que las harinas finas y polvorientas.
Y casi no tiene azúcar, lo que la hace ideal para preparar platos dietéticos para quienes sufran de hiperglucemia o quienes busquen cuidar la dieta.
· Glucomanano. De la planta del konjac se obtienen unas raíces muy interesantes desde el punto de vista nutricional, y gracias a ellas se obtiene un derivado que permite elaborar el glucomanano.
Nutricionalmente es un producto de gran interés porque tiene cero calorías y cero hidratos de carbono. Por eso, normalmente se hace referencia a él como “fibra pura”.
Aunque la maicena es utilizada también como espesante, el glucomanano debe ser manipulado con cuidado debido precisamente a este factor. Y es que estamos hablando de un ingrediente cuyo efecto espesante es mucho más acentuado, por lo que conviene amoldar las dosis en cada adición.
· Arrurruz. Tras este nombre gracioso se esconde uno de los sustitutos de la maicena más interesantes. Se trata de una sustancia blanca, en polvo, que se extrae de las plantas homónimas de India Occidental y que se muelen para dar forma a este sustituto de la maicena.
Está libre de gluten, siendo uno de los productos más apreciados por celíacos, y contiene una cantidad de fibra muy alta, casi más de la que naturalmente tiene la maicena.
Mezclado con agua, se convierte en una especie de gel incoloro que es muy utilizado para espesar o abrillantar la superficie de algún pastel o bizcocho sin alterar su color ni su sabor.
· Goma guar. Las legumbres guar son los ingredientes con los que se elabora ese espesante vegetal de bajo contenido calórico. Es mucho más nutritivo que el almidón de maíz, mucho más asequible y fácil de medir.
Se debe aplicar en pequeñas cantidades, ya que su poder espesante va aumentando tras su aplicación. Si se añade demasiada cantidad de golpe, se pueden formar grumos e incluso el plato final puede quedar apelmazado.
· Semillas de lino molidas. Es uno de los considerados “superalimentos” por su gran aporte de vitaminas y minerales. Es una buena fuente de fibra y de ácidos grasos Omega 3, y forma parte de la dieta vegetariana precisamente por su alto valor nutricional.
La linaza, que es el nombre que recibe el producto resultante del prensado de las semillas molidas de lino, puede ser empleado como sustituto de la maicena en el momento se le añada unas tres o cuatro cucharadas de agua.
Su textura arenosa hace que no sea recomendable utilizar más agua que la recomendada, puesto que esta característica es innata a este sustituto de la maicena.
Diferencia entre harina y maizena

Ya hemos comentado anteriormente la principal y más elemental diferencia entre la maicena y la harina de maíz. En la harina de maíz se tritura el grano al completo aprovechando tanto el germen como el resto de la pieza, mientras que en la maicena la parte más arraigada del grano se desecha, dejando solo el corazón del grano de maíz. Aunque pueda no parecerlo, las diferencias una vez aplicada en los distintos platos son notables.
Y es que es en el molido donde se pueden encontrar las principales diferencias entre la maicena y la harina de maíz. Para conseguir la maicena, se moja el maíz para que este fermente, y tras el machacado se lava para retirar todo el almidón. Aquí puede estar el origen de las variaciones en sus propiedades, puesto que el almidón influye mucho en la textura de los alimentos, además de en su sabor y en la digestión de los mismos.
Por lo que respecta a la harina de maíz, se prepara moliendo directamente el grano hasta que se consigue ese polvo tan fino. Y es que podemos fijarnos por un momento en la consistencia de la maicena y la harina de maíz. La primera es mucho más gruesa, con fragmentos de los granos más ásperos que tienden a apelmazarse con mayor facilidad.
Por el contrario, la harina de maíz es extremadamente fina, ya que el proceso de triturado es diferente. El grano de maíz es machacado de una manera muy diferente a como se hace para conseguir la maicena, y esto tiene una influencia notable en el resultado final de los productos.
Estas diferencias son las que motivan también la elección de una opción u otra en los distintos platos de cocina que forman el menú de nuestra gastronomía. La maicena tiene una textura mucho más consistente, ya que los fragmentos son más gruesos.
Por ese motivo, para espesar ciertas salsas o alimentos se suele utilizar antes que la harina, ya que esta puede cumplir el mismo cometido, pero requiere de mucha más cantidad para igualar el resultado con maicena.
Ahora bien, si nos adentramos en otras cuestiones, las diferencias no son tantas. Por ejemplo, los valores nutricionales permanecen inalterables, haciendo que ambas opciones puedan ser altamente recomendables para la elaboración de algunos platos si la textura no es determinante.
Del mismo modo, si existe algún tipo de intolerancia alimenticia, puede ser igualmente desaconsejable optar por una elección u otra, puesto que comparten muchas de las características básicas, tanto en sabor como en propiedades.
Y es que la principal diferencia entre la maicena y la harina de trigo está en que en una los granos pasan por un proceso de lavado que retira el almidón (maicena), mientras que en la otra se pule el grano de maíz al completo.
En cuanto a texturas, las diferencias son abismales y conviene tener en cuenta la presencia o no de este compuesto, ya que muchos de los problemas e intolerancias digestivas y gástricas se producen por culpa del almidón.
Equivalencia entre harina y maicena

Decir que la harina de maíz y la maicena es lo mismo no puede ser considerado mentira, pero es una imprecisión importante. Más que nada porque no se trata del mismo producto, por lo que conviene tener claras las diferencias.
La maicena se obtiene con unos procesos concretos, mientras que la harina de maíz, aunque utiliza el mismo ingrediente para su preparación, no lo trata igual. Los expertos en nutrición consideran que estas diferencias son lo suficientemente importantes como para considerar que se trata de alimentos diferentes y, por tanto, no pueden tener la misma consideración pese a sus semejanzas.
Las equivalencias entre ambos ingredientes son casi todas nutricionales, ya que ahí reside todo el parecido. El maíz es un cereal con una cantidad de nutrientes importante, que debidamente tratado puede proporcionar al organismo una serie de beneficios muy a tener en cuenta.
Al ser un cereal muy saciante, puede producir una sensación reconfortante con la ingesta de una cantidad muy limitada, algo que se extrapola a las harinas, haciendo que sea muy empleada en determinados platos de repostería.
Pero desde el punto de vista de la salud también es una materia prima muy a tener en cuenta, puesto que cuida del corazón, mantiene a raya los problemas cardiovasculares y es ideal para mujeres embarazadas.
Además, el maíz ayuda a combatir el raquitismo, un trastorno que tiene su origen en una manifiesta falta de vitamina D, calcio o fósforo. Todo ello lo cubre el maíz, por lo que la adición o elaboración de determinados platos con estos ingredientes está más que recomendada por sus evidentes beneficios para la salud.

